Октябрь 12, 2004

Nº 0 *

EL TERCER OJO
El brazo izkierdo le kolgaba komo un péndulo balanceándose al ritmo de su vitalidad...
Me acerké y vi su rostro, un tercer ojo me miraba. ¿ké podría ver por éste? ¿Por ké habría renunciado a los otros dos? ¿Ké le podría proveer éste ke los de antaño no?
Me mató la intriga, kise saberlo, así ke hice lo ke ella había hecho...koloké ese objeto negro en mi frente y jalé el gatillo.

Diela Vosk




EL JUEZ
Su toga negra, la peluka blanka, los piojos bajo ella y su martillo diktador. No era un hombre pekeño, tod@s le temían, inkluso sus hijas, su esposa y su amante. No era un hombre pekeño, ni en el más mínimo sentido de la frase. A kada paso ke daba, el suelo temblaba, el aire se estremecía. Ante su presencia, hasta el sol bajaba la mirada.
Tod@s kerían estar cerka suyo, siempre y kuando fuera de su lado...era el peor enemigo ke uno podría llegar sikiera a imaginar en la más terrible pesadilla.
Su sangre era roja, y desnudo, era frágil, vulnerable, humano, demasiado humano; pero nunka nadie lo vio sin su toga, ni sikiera su amante.
Siempre estaba rodeado de gente, pero no era porke le gustara hacer fiestas para ke la gente se divirtiese, NO, detestaba las personas y sobretodo kuando éstas se divertían...pero más aún le repugnaba estar sólo, estar konsigo mismo, kon el hombre bajo la toga.
Kada vez ke se bañaba, miraba la sangre ajena koagulada irse por el drenaje y lloraba, la kriatura ke vivía detrás del espejo tenía un aspekto patétiko: su kabeza parecía la de un perro sarnoso a punto de morir, su kuero kabelludo soriástiko y kanceroso, su rostro destrozado y enflakecido por el kansancio y la alergia al makillaje, su boka una negra kaverna sin otro elemento más ke una lengua verde, sus labios reskebrajados por el tiempo, sus múskulos flácidos, desgastados, dormidos, al igual ke el resto de su kuerpo y su cerebro, ni su mirada se eskapaba de tal aspekto débil ke tenía esa horrenda y despreciable kriatura espektral. Más ke un hombre akello parecía un kadaver en deskomposición...
Pero rápidamente se vestía kon su toga, su peluka y su martillo, y volvía a mostrarse fuerte ante el mundo. Su korazón inalkanzable a través de akellas armaduras, permanecía kasi muerto kuando subía a su trono y asumía su rol.
En su korte, era un rey, un dios, el Dios de todos los dioses. Allí arriba decidía sobre la vida o la muerte de l@s pobres infelices ke kaían bajo las garras de la Ley.
Kienes estaban a su lado, a demás de temerle, le admiraban. Admiraban su rektitud, su fuerza, su poder de decisión, su sed de justicia. Kienes estaban a su lado le admiraban sí, pero admiraban al Juez y no al Hombre bajo la toga. Admiraban al juez porke era todo lo ke deseaban ser, y sobretodo porke estaba de su lado... ¿pero kuál era ese lado? ¿El de la Justicia o el de la LEY? ¿El de la Justicia o el del Poder? ¿Y por ké era juez el juez? ¿Ké era lo ke ganaba kon ello, a demás de Poder? ¿Kuál era esa energía ke lo llevaba a ser lo ke era? La temida mezkla; lokura y razón. Su lokura y su razón habían hecho un trato, la lokura kería matar, la razón kería permanecer pero necesitaba makillar la lokura y hacerla pasar por un akto razónable... Así fue ke juntas, una para lograr su fin sin gastar muchas energías y la otra para no pasar vergüenza a kausa de su derrota, lograron hacer del hombre un asesino tan imbatible komo el agua misma; le hicieron juez.

Libero Trillón



CABALLITOS
Estábamos caminando por la gran avenida, ya hacía varias horas que el recorrido nos había atrapado. Él, el centro de toda nuestra atención, parecía dominarnos y regir todo lo que nos deparaba la vida en ese momento.
El camino de piedritas amarillas nos sostenía y se iba ensanchando a medida que comenzábamos a ver las florcitas. Las había de muchos colores, pero aún así, no dejaban de combinar las unas con las otras. Las lavandas y los ramilletes de rocío blanco captaron mi atención y lograron en mi la misma frescura que irradiaban, pero ahí estaba él, que enseguida acababa con toda la armonía, nos amenazaba con su mirada, nos dirigía, teníamos que caminar todos juntos y no podíamos ni siquiera pensar en escapar, de lo contrario nuestras almas no estarían en paz.
Pronto llegaríamos al muelle.
Hacía unos minutos el camino estaba desolado, solo ellas dispersaban nuestras mentes de la violencia, era casi inevitable, las flores empezaban a acompañar a los grandes muros de piedra que ceñían la vista.
Solo percibíamos el sonido de nuestros pies sobre la tierra, y fue imposible detener la marcha ante el primer portón, ya que la grandeza nos rodeó, y para nuestro asombro, comprendimos que aquellos muros y sus portones medievales eran tan solo los límites de diferentes necrópolis a las cuales acompañábamos con nuestra presencia.
Dentro se dejaban ver los desiguales panteones, exquisitos en toda su maestría, estaban uno junto a otro, cada uno exaltaba su belleza arquitectónica, los había de todos los estilos, adornados con mudas estatuas, hercúleos mármoles, seguros cristales, alocadas escaleritas, un sin fin de componentes. Percibí que él también hizo una pausa para admirar la belleza, esa belleza que era tan majestuosa que lograba disimular el nefasto ambiente real que traen consigo las sepulturas.
El instante duro poco, pronto seguimos nuestra marcha y junto con ella el asombro.
Advertí que para él también aquél camino era desconocido, porque no se mostraba impávido, se le notaba en sus ojos y en su forma de andar. Luego de un tramo de sorpresas, detuvimos nuestra marcha deslumbrados por un panteón muy llamativo, diferente a otros, era el primero detrás de altos muros grises y las negras verjas de estos estaban abiertas invitándonos a pasar como cuando un imán atrae a las partículas de hierro.
Pronto estuvimos ante las puertas del edificio, todos estábamos sorprendidos, no emitíamos ningún sonido, solo observábamos, aquél era circular y sus paredes eran de cristales ensamblados, mosaicos grises cubrían el suelo, polvo y tierra apenas dejaban ver lo brillante que habían sido en algún tiempo, en el centro del edificio había una escalerita de caracol de mármol blanco. En la entrada se leía en una lápida que el lugar pertenecía a un poderoso joven que sepultaba allí sus caballos: Llegaran a la cumbre donde serán alzados por nosotros, sus servidores. La brisa se extiende sobre la ciudad y de las entrañas de la tierra surge su mundo, inhóspito e impetuoso... El castillo en tinieblas, hermoso, glorioso con sus jardines de cipreses, espinillos, y su vivaz fauna de insectos, contiene sus monumentales tronos que se divisan en lo más alto de la torre... un vitral los deja ver, gracias al fuego que ilumina la morada.
Ya es tarde y sus almas duermen, mis vencidos caballos negros..!
De modo que debajo del piso, las almas de los animales descansaban de tanto andar.
Dentro del lugar, acomodados perfectamente formando una especie de patrón, dormían cuervos con sus cabezas escondidas dentro de sus alas, esto era muy sorprendente porque a medida que nos acercábamos ellos se convertían en hojas secas de color negro que pertenecían a los árboles que vivían fuera de los panteones.
Él estaba muy nervioso, su respiración se aceleraba, de repente comenzó a caminar hacia la puerta de cristal y la abrió, entro en el recinto y se paro frente a la escalerita. Los demás lo seguimos sin hablar, unos de mis compañeros se atrevió a subir los peldaños pero pronto se dio cuenta de que cada vez que subía el techo lo iba comprimiendo y la escalerita se iba haciendo más pequeña aún, miro a su costado y vio que el barandal tenía un agujero, parecía roído por algo, entonces saco una botella con agua que tenía y vertió un chorro de ésta en él, pronto sentimos como el agua corría por el pasamanos y al llegar al final caía sangre de éste manchando el piso. Rápidamente salimos de allí corriendo hasta el camino y entre un revoltoso ambiente respirábamos aire fresco. Después de unos segundos él salía del lugar con la frente en alto y un rostro sereno haciéndonos acordar que teníamos que continuar la marcha, la reina nos esperaba, él tan solo era el mensajero que llevaba el paquete hasta el muelle.

Violeta





TRANCE
Como persona obediente de las leyes y admirador firme de las mismas, Francisco había comenzado a estudiarlas a la temprana edad de catorce años. “Niño genio” habían dicho a sus shockeados padres. Así que desde su adolescencia había estado encerrado entre las cuatro paredes que eran su biblioteca, para sonsacar hasta el último secreto de las normas. Finalmente había recibido un diploma con honores que sus padres orgullosamente colgaron en una pared del living.

Al llegar a la mayoría de edad, Francisco había reforzado ya la idea de un mundo delineado únicamente por normas, de origen natural o no, y de que cualquier cosa fuera de ellas era sencillamente inaceptable. Creía firmemente en un cosmos regido por la rectitud de la lógica.
Por eso fue su sorpresa cuando, mientras estudiaba un caso de fraude en la pulcritud de su oficina, un viento proveniente de ningún lado le heló la sangre y echó a volar todos los expedientes que cuidadosamente había apilado a su alcance. Se rascó la cabeza y comenzó a juntar los papeles mientras observaba de reojo que la ventana estaba completamente cerrada. Al darse vuelta para apoyar las pilas, sorpresivamente recibió otra sensación de frío helado y acto seguido una fuerza similar a la que podría ejercer una aspiradora a un envoltorio, lo atrajo hacia alguna pared. Francisco se giró alarmado. Con los ojos como platos comprobó que seguía siendo atraído, ya que no podía despegarse, y aún peor, la pared a la cual estaba pegado, no era más que aire.
Gritó tan fuerte como pudo para que su secretaria lo oyera; después de todo estaban a sólo un pasillo de distancia. Sin embargo, ella no acudió. De hecho, no tendría por qué haberlo hecho, ya que ningún sonido salió de la boca de Francisco.
Estaba en una película muda. Intentó hacer crujir el papel dentro de sus manos, pero no sintió nada. “Quedé sordo” pensó. Luego intentó acercar la misma hoja arrugada a su oído, para ver si de más cerca podía apreciar algo.
Lamentablemente, cuando su mano logró alcanzar el nivel de sus orejas, el papel ya había desaparecido misteriosamente, junto a toda su oficina. Se encontraba flotando en el espacio.
Una estrella fugaz cruzó rápidamente en la lejanía. En realidad, Francisco supuso que estaba distante porque, si bien no tenía una idea clara acerca de lo que estaba pasando, conocía el tamaño real de una estrella fugaz, y calculaba que aquella debía estar muy lejos.
Tanteó el vacío con su mano. Se preguntaba cómo diablos podría estar respirando y que clase de pozo negro lo habría traído allí.
No recordaba mucho sus clases de astronomía. Había tomado unas breves lecciones particulares para que no le faltase el conocimiento en cultura general que tendrían otros estudiantes de su edad. “Probablemente igual no me habría servido de nada” se consoló. “…Después de todo, ¿a cuántos astrónomos les sucedió esto?”
Sin saber bien hacía cuánto se había detenido su reloj, Francisco se dispuso a aceptar su triste final. “…Muerto, no por asfixia, sino por desnutrición…gran abogado encontrado cerca de la Luna” sonrió lacónicamente. Luego pensó que quizás tampoco la falta de alimento terminase con su vida, ya que la falta de oxígeno no lo había hecho…
Al rato seguía ensimismado en sus pensamientos y prosiguió a rememorar los momentos trascendentes en su vida. No eran muchos en realidad. Recordó que alguien le había dicho que los buenos momentos podían contarse con los dedos de una sola mano. “…¿o eran los amigos?”. Bueno, de cualquier manera, de ambos tenía la misma lamentable cantidad.
Se olvidó completamente de su plan original y comenzó a mirarse los dedos de los pies. Recordó que había ido a la oficina con medias y zapatos, y los buscó a su alrededor. Sólo estrellas.
De todas formas, pensó, ya estaba olvidando qué era lo que había pasado y qué no. Había comenzado a sospechar que nada era en realidad como suponía. “Pero entonces….¿desde cuándo es que estoy aquí?...¿Cómo llegué?”
Buscó su agenda electrónica para ver fechas, quizás la de alguna reunión que hubiera tenido…Tanteó sus bolsillos pero no se sorprendió cuando al mirar solo vio su redondo ombligo. Qué remedio. Quizás después de todo nunca había usado esa camisa a rayas que había creído tener.
Se estiró sobre sí mismo y comenzó a mirar nuevamente las estrellas. Titilaban en silencio. Era el mismo silencio que lo había invadido cuando había arrugado algo.
De pronto se dio cuenta de que jamás había arrugado nada. O por lo menos no había evidencia de ello. Había leído sobre la alucinación en momentos de aislamiento. “¿Leí? ¡¿Dónde?!” Ya no estaba seguro de nada. Cerró los ojos en busca de respuestas.
Sólo sintió un silencio punzante.
Luego de un rato de indagar en su propia mente, concluyó que había estado divagando por tiempo indefinido y que ahora, luego de haberse relajado, había recuperado la cordura. Se acomodó sobre sus piernas, miró su cuerpo desnudo y luego las estrellas. Sonrió complacido. Había salido de aquel insólito trance fantástico y se sentía feliz de comprobar que la lógica aún seguía rigiendo en el universo.

Mariux


MADRUGADA
Es el refugio mas amado
del solitario remanente.

Despues ke el monstruo se duerme,
kuando la luna destella
en lo mas alto del sielo,
la madrugada nos vesa
en lo mas klaro del pecho,
purifikado por el ensierro.

Vajo su tierna mirada
fluyen los ríos del pensamiento,
alimentados por el silensio,
y los rekuerdos ke alguna noche
se kosecharon en la anvrosía
de un dialogar komplasiente,
de un konversar apasivle
con una musa kuriosa
de havlar sinsero y koerente.

NOSTALGIA 1
Vuelven flotando en el aire
kuando su piel no está serka.
Los siento aser lo ke asían
mientras mirava sus kuerpos.

Duelen agrio los fantasmas.
Vuelven klaros a mi mente.

Su silueta difusa los une al espasio
komo las vrumas delatan
las eskondidas distansias.

Vañan mi kuerpo lloroso
komo llovisnas de agosto
ke largas horas okupan
grises, tristes y vorrosas.

P.R.L




EL HOMBRE, UN SER ÚNICO
Ciudades, rutas, edificios, artefactos, son elementos que no existen naturalmente en nuestro planeta, son creaciones del único ser que lo habita y tiene la capacidad de poder modificar y adaptar la naturaleza a sus necesidades. Millones de especies animales participaron y participan en la carrera de la evolución y solo una ha alcanzado la aparente meta de la misma. Tener la opción de ser libre, de no estar sujeto al instinto y a los reflejos, poder detenerse ante un hecho, analizarlo y decidir en consecuencia es una facultad alcanzada o atribuida a una sola especie. Planteo estas dos posibilidades para poder dar una explicación a la interrogante que siempre obsesionó al hombre: ¿el hombre es el ápice de la creación, que tiene como autor un ser divino o su diferencia con el resto radica en la merced de la fortuna que gobierna una evolución no controlada? Es, por el momento, una pregunta que genera respuestas de escaso fundamento y, por ende, ninguna puede ser sustentada más que la otra. Cada individuo opta por una o la otra según el simple deseo de pertenecer a algo mayor y con sentido o vagamente ser parte de este mundo que no lleva nada a ningún lado.
Quiero hacer entender que mi postura no consiste en defender una o la otra, al contrario, pienso que las dos siempre estarán en lucha porque el hombre, al intentar explicar cierto hecho o suceso, toma bases hipotéticas que surgen del puro deseo y creencia.
En una referencia paralela, respecto a la muerte, muy poca gente defenderá que no hay nada luego de esta porque nadie quiere que no haya nada. El hombre apela a la inmortalidad en sus deseos y, por ende, sustentará una trascendencia. Dará argumentos para respaldar esto, pero todos basados en alguna religión o creencia que, vaya casualidad, todas le dan sentido a la vida y a la muerte. Nadie quiere pensar que en la vida no hay ningún propósito o causa. Para el hombre todo tiene una razón de ser y, a su vez, esta tiene que ser trascendente.

Si mi punto de vista fue entendido, se comprenderá, entonces, que las diferentes posturas respecto al origen del hombre son demasiado subjetivas, a tal punto que en este momento deben ser obviadas. El hecho real es que existe una diferencia entre el hombre y el resto de los animales, quién la suministró o cómo no es la cuestión y creo que la respuesta se reduce a la racionalidad que existe en el hombre. Dirán que el hombre no vive de razonamientos, también percibe sensaciones (sentidos) y tiene emociones. Mas no tengo que decir de estos dos que son medio y consecuencia, respectivamente, de la razón. Nosotros no somos entes pensantes compuestos de materia conceptual, estamos atados a un mundo físico (cuerpo y medio ambiente), los sentidos son esa puerta entre nuestra racionalidad y el mundo físico, nos permiten captarlo para luego racionalizarlo. Los animales también son dotados de elementos sensoriales, porque ellos actúan e interactúan con el ambiente al igual que los hombres, la diferencia surge en lo que impulsa el acto, la razón o el instinto. También esto determina si el acto es conciente o no. Las emociones, por otro lado, son una consecuencia de nuestra razón, ¿cómo se pueden presentar emociones ante algo que no se entiende? Algo nos produce sensaciones y emociones luego de haberlo observado y analizado, aunque no nos demos cuenta que lo hemos hecho.

Esta capacidad racional es la que nos otorga libertad o por lo menos la opción de ser libres. Fue ella que junto con el actuar en sociedad formaron los valores humanos que engrandecen a las personas, aunque también en el otro lado del espectro aparecen los prejuicios, esquemas hipócritas y convencionalismos clasistas y discriminatorios que emergen como plaga en cada cultura. En realidad estos últimos no parten de la razón, es más, atentan contra ella, son producto de un comportamiento colectivo deplorable que tiene el hombre cuando se camufla en grupos sociales.

Aún así, tener la facultad de razonar y todo lo que esto implica, no significa que seamos los amos del mundo, como lo enseña la religión (judeo-cristiana en particular), que por el hecho de tener el hombre la calidad de un producto a imagen y semejanza de un dios y estar dotado de un alma, debe ser alzado en un pedestal monárquico inalcanzable para el resto de los seres, estableciendo una jerarquía entre los ellos, donde unos están sometidos ante los otros.
Quiero arribar en mi concepto a que esta diferencia esencial, lo único que debería generar son planos de libertad donde el hombre ocupa uno diferente al resto de los animales, pero esto no significa que ellos deban estar a nuestra disposición, la libertad es respecto a cada uno y su vida, no respecto a los demás.

El respeto que tengo por una persona parte de ella misma. Se diferencia del respeto que le tengo a los animales únicamente si es digno de ser lo que resultó ser, un humano, que hace uso de su característica esencial y se llena de sabiduría que brinda la vida de forma codificada (si no, la razón no sería necesaria para poder entenderla). Una persona-oveja (seguidora de masas, psico-dependiente de otros) no hace otra cosa más que situarse en el mismo plano que otro animal.

Je Je



FRONTERA
El pavimento derretido por el sol extremadamente caliente; palestinos-brasileros toman cerveza en la sombra vendiendo algunas remeras con la cara de Jesús. Una gorda árabe-brasilera guarda los pedazos de una torta de cumpleaños en una gran heladera llena de coca-colas, fantas, etc. Es un galpón inmenso y abunda el olor a jabón en polvo, incluso en las bateas de cereales. 3 chicos, en la góndola de los championes, fuman marihuana, el olor se confunde con el jabón, y la gorda agarra con sus manos sucias un trozo deforme de torta y se lo mete directo en la boca antes de cerrar la vieja heladera.
El galpón alguna vez fue moderno y sus empleados no fueron siempre árabes-brasileros con quien sabe qué vida.
Las cajeras juegan con sus chicles, sus vidas no le deparan mucho, van a salir del galpón, van a fumar un poco y van a coger con su novio vendedor de camisetas de Jesús. El novio, de rulos negros, musculosa negra, ya se cogió a varias rubias brasileras, la cajera ya lo sabe, pero de todos modos lo calla, siempre sumisa, siempre callada, con sus ojos como copas medio segundo antes de estrellarse contra el suelo.
Y no solo soportan al rulitos coge-rubias sino que también soportan a sus suegras. Gordas psicópatas, fanáticas católicas, con remeras de Jesús, miran las novelas en sus casas pintadas de color salmón llenas de humedad y cuadros de Jesús y algún otro rulitos coge-rubias pero famoso, de los 80s.
Esos lugares, esos galpones, todos murieron a fines de los 80 de la forma mas olvidada, hundidos y transformados en desiertos calurosos llenos de casas color salmón y botellas de dos litros de guaraná, sin vida, con Jesús como único referente. Los polifones de los colchones, desperdigados junto a recortes de revistas porno, ambulan en los livings de esas casas.
Desiertos llenos de muertos vivos, rondando por la zona, cuidando su pedazo de tierra, ellos son sus propios policías, sus propios asesinos, perros rabiosos, ladrando por el peor de los huesos, llenando de sangre el lugar, arrancándose sus cabezas. Pero el destino ya les fue marcado; o cajeras, o suegras árabes-brasileras o rulitos coge-rubias, nada mas, ese es su destino, un revolver cargado apuntando a la nuca, esperando sin dispararse.
La gorda cierra la heladera con las manos llenas de torta.
La cajera les cobra a los tres chicos que, con sus ojos rojos, miran su escote.

Elmarboraz




*Falta la tapa de la revista y el dibujo del Expo ke todavía no aprendí a ponerlos en la página...prometo hacerlo yo u otr@ egoísta más adelante.

2 Comments:

Anonymous Анонимный said...

Ya las vendí! Las vendí todas! en la calle, en la plaza Viera, en la Española y en Ta-Ta de 18, cada personaje raro comprándome...una demencia

Anarkía la niña marketing

12:43 AM  
Anonymous Kalaikia2@hotmail.com said...

Ya era hora de tener una revista así, independiente, en la que se pueda decir lo que se piensa sin miedo a la sociedad y la censura actual. La encontré por casualiad pero creo que me voy a apuntar la direccion. Gracias a quien se le haya ocurrido.

11:56 PM  

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